Más que español: la lucha por preservar la herencia mexicana

La escritora Anna San Miguel señala la importancia de las influencias indígenas durante el Mes de la Herencia Hispánica.

El Mes de la Herencia Hispánica comenzó el 15 de septiembre y termina el 15 de octubre. (Sophia Reass | The Phoenix)
El Mes de la Herencia Hispánica comenzó el 15 de septiembre y termina el 15 de octubre. (Sophia Reass | The Phoenix)

El Mes de la Herencia Hispánica, que comenzó el 15 de septiembre y termina el 15 de octubre, representa un periodo de celebración de la cultura latina y su identidad. Este periodo también se celebra, al menos en parte, porque muchos países latinoamericanos declararon su independencia durante estos 30 días.

El imperio español controló 35 colonias. A pesar de esto, los países latinoamericanos que fueron dominados por España han encontrado nuevas maneras de preservar su identidad al incorporar las lenguas y las culturas indígenas en las costumbres que les fueron impuestas.

Aunque estos países son producto del colonialismo, tienen identidades únicas que merecen distinguirse de sus influencias coloniales, especialmente cuando celebran su herencia. 

México es el país con el mayor número de lenguas vivas. Después del español y del inglés, las lenguas más habladas en México pertenecen a los grupos lingüísticos náhuatl y maya.

Las palabras de estas lenguas han evolucionado junto con sus comunidades y culturas. “Pote,” o “paja,” deriva de “popotl” en nahuatl. “Chocolate,” por su parte, tiene numerosas variaciones en todas partes del mundo.

Este no es exclusivo del español mexicano. Muchos dialectos latinoamericanos han incorporado palabras de lenguas indígenas. Los ecuatorianos han incorporado palabras del kichwa, y algunos puertorriqueños se identifican como boricuas, en referencia a Boriken, el nombre que sus habitantes originales dieron a la isla.

El programa de Estudios Latinoamericanos y Latinx en Loyola tiene como objetivo fomentar la apreciación de la cultura latina a través de una variedad de disciplinas académicas.

Hacer hincapié no solamente en la diversidad, sino también en la justicia social dentro de la comunidad latinoamericana, es un aspecto central del paradigma a través del cual opera el programa.

David Beltrán, director de Estudios Latinx en Loyola, dijo que, aunque algo — ya sea un país, una identidad o un dialecto — sea un producto del colonialismo, no debería ser visto como inferior.

“Por su definición, el español es una lengua colonial: no hay un área fría”, dijo Beltrán. “Es ese fenómeno que ocurre donde una lengua crece o toma [palabras] de cualquier región. Se trata de quién usa las palabras.”

Más allá de la lengua, las recetas y las tradiciones con raíces mesoamericanas llevan  consigo una historia que podría haber sido borrada por el colonialismo y la asimilación forzada. Sin embargo, algunas festividades, como el Día de los Muertos, sintetizan tradiciones indígenas con tradiciones católicas.

El mole y el pozole, platos derivados de recetas mesoamericanas, evolucionaron para incorporar alimentos e ingredientes llevados por los españoles, como la carne del cerdo y las especias que los españoles recibieron de los moros.

Comprender cómo las lenguas antiguas y las tradiciones culinarias tuvieron que transformarse para perpetuar su existencia en un mundo postcolonial permite entender lo perjudicial que puede ser que características importantes y antiguas de la lengua y cultura mexicana sean relegadas.

Incluso dentro de México, los habitantes están descubriendo que las recetas y las salsas de los restaurantes locales están perdiendo sus especias para adaptarse a un gusto más suave y extranjero. El panadero británico Richard Hart experimentó el escándalo de los mexicanos directamente cuando declaró que México no tenía una cultura del pan y llamó a los bollos, “panecillos blancos y feos.”

Su panadería, Green Rhino, ubicada en Roma Norte, un barrio cada vez más gentrificado de la ciudad de México, ofrece pasteles europeas a precios dirigidos a turistas europeos. Parece claro que no tiene interés en involucrarse en la comunidad rodeada.

Los bolillos surgieron durante la época colonial y se comen con varias comidas e ingredientes tradicionales. La falta de respeto por la cultura gastronómica local y la elevación de postres europeos cuyo perfil de sabor depende de ingredientes mesoamericanos, como la vainilla o el chocolate, resulta profundamente mojigata.

A los habitantes de la ciudad de México, un número creciente de inmigrantes estadounidenses comienza a parecer como otra ola de colonización. La lucha por preservar las idiosincrasias culturales no ha terminado; simplemente ha cambiado de forma.

En 2025, EE. UU. declaró el inglés como lengua oficial, algo que muchas personas consideraron una medida destinada a incomodar a las comunidades inmigrantes.

“Es una cuestión de asimilación, pero yo pienso que se trata más de la pertinencia,” dijo Beltrán. “Puedes asimilarte: sólo aprende otra lengua. No hay nada malo en hablar más de dos lenguas. No se trata de asimilación. Se trata de borrar la identidad.”

Cuando la gente pasa del pico de gallo al caviar y de los tacos a los wraps — en una época en la que personas son deportadas y asesinadas sin ninguna explicación —, sigue contribuyendo al borrado de una cultura y una comunidad que ya ha luchado duramente por su supervivencia.

Desafortunadamente, el cierre forzado de comunidades latinas no es algo nuevo. EE. UU. ha llevado a cabo “repatriaciones” forzadas desde la década de 1920. Disfrutar de una versión distorsionada de la cultura mexicana mientras las personas que llevaron esta cultura a EE. UU. son deportadas podría considerarse una tradición estadounidense.

“Es el siglo XXII, y la gente se echa a gritar ‘English only’ mientras tiene una tortilla en la mano, o su ‘wrap,’ y hablando de ir a un restaurante mexicano,” dijo Beltrán.

El matrimonio entre características nativas y aquellas que fueron introducidas durante la colonización es lo que hace que México o cualquier país latinoamericana, sea distinto. La preservación de sus raíces mexicanas precoloniales y de la identidad moderna que se ha creado continúa una lucha larga y difícil, pero el desafío se sí mismo atestigua la fortaleza de su gente.

  • John FitzGerald is the translator for The Phoenix. A first-year student specializing in Romance languages, John’s passion for cultures overseas has led him to studies in French, Spanish, Italian, German, and Russian. He spends most of his time practicing harp repertoire, seeing concerts around the city and perusing international newspapers.

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